TRENZAS, Tango
De Homero Expósito y Armando Pontier
Por Eduardo Aldiser
Algún colega me comentaba añares atrás, allá por Rosario, Argentina, que éste era el tango preferido de Edmundo Rivero dentro de su vasto repertorio. Siempre tuve para mi que era Sur. Sea uno o el otro, ya sabemos que tenía muy buen gusto Don Edmundo Lionel.
Su interpretación con Horacio Salgán, que terminaron grabando en los sesenta cuando los reunieron para inmortalizar sus genios creadores juntos, es sin dudas una de las mejores de este tema situado entre los muy importantes de Homero Expósito. Corría el año 1944 cuando le dieron forma poética y musical con el maestro Armando Pontier.
Se punta que ese mismo año lo ha grabado Pedro Laurenz, con el cantor Jorge Linares y muy poco después, ya en el 45, Miguel Calo, con Raúl Iriarte. Siempre que se lo escucha, quedamos instalados en esa pampa aledaña a la gran metrópoli porteña. Llegan ramalazos de tardecitas cayendo detrás de trigales, con reseros volviendo a los puestos.
Cántelo con el estilo que quiera, pero cántelo. Y después nos cuenta. Si le gusta el mate, el tango lo pone en escena y usted los puede tomar. Que tenga un buen tango.
TRENZAS
Tango (1944)
Letra de Homero Expósito – Música de Armando Pontier
Trenzas,
seda dulce de tus trenzas,
luna en sombra de tu piel
y de tu ausencia...
Trenzas que me ataron en el yugo de tu
amor;
yugo casi blando de tu risa y de tu voz.
Fina
caridad de mi rutina,
me encontre tu corazón
en una esquina.
Trenzas de color de mate amargo
que endulzaron mi letargo gris.
A donde fue tu amor de flor silvestre?
A donde, a donde fue después de amarte?
Tal vez mi corazón tenia que perderte
y así mi soledad se agranda por buscarte.
Y estoy llorando así,
cansado de llorar,
trenzado a tu vivir,
con trenzas de ansiedad... sin ti!
Por que tendre que amar
y al fin partir!
Pena,
vieja angustia de mi pena,
frase trunca de tu voz
que me encadena.
Pena que me llena de palabras sin rencor;
llama que te llama con la llama del amor.
Trenzas,
seda dulce de tus trenzas,
luna en sombra de tu piel
y de tu ausencia.
Trenzas,
nudo atroz de cuero crudo,
que me ataron a tu mudo adiós.